




Después de correr más o menos bien el viernes en las pistas del Club de Atletismo Ría de Ferrol en la Malata y por el puerto de Ferrol, acompañado de corredores más consumados que yo, y pedalear una horita y nadar 50 largos el sábado, he dormido como un bendito, hoy que casi no llueve y he quedado para correr, ya me siento mejor. Menos mal que descubrí este deporte - remedio para todo tipo de agobios.

Tan mal estaba ayer que di plantón a uno de mis mejores amigos en su despedida de soltero, espero que comprendiese que ni mi bolsillo ni mi ánimo estaba para juergas y que las copas en ese estado iban a ser una mala idea, mejor que disfrutase él rodeado de gente alegre a tenerme a mí al lado con cara de póker toda la noche. Lo siento Jesús, por juergas no será, pero no era el momento.

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En el telediario del otro día pusieron un reportaje sobre la Selectividad, ese temible examen en el que te juegas cursar la carrera de tus sueños a una sola carta. La verdad es que recuerdo como si fuera ayer mi experiencia, curiosamente como algo agradable, incluso había ligado y todo, que ya es decir. Sólo pasé nervios en el camino de casa a la universidad, hasta el momento de encontrarme a todos mis amigos en la puerta de la facultad donde nos tocaba examinarnos, en el CUVI (Colegio Universitario de Vigo). Por lo visto este año ha cambiado totalmente esta prueba de acceso. La verdad es que no le presté mucha atención a la noticia en sí, pero me hizo gracia ver a un par de chicas corriendo alborotadas apretando en su pecho las carpetas y riéndose sin parar.

Comenté en otra entrada que en la mudanza que hizo mi familia de Vigo a Cabañas se perdió, aparte de mucha ropa, un autógrafo de Butragueño (¡ayyyyy!, me entristezco sólo pensarlo). Ojalá solo hubiera perdido eso, también se "extraviaron" (osea, que acabaron en la basura, supongo) mis libros del colegio, por muchos de los cuales daría ahora un riñón (especialmente por el libro de historia de COU) y lo que es peor, mis carpetas de BUP y COU, que venían a ser la versión “casera” de los anuarios esos que hacen los chicos de las series americanas.
No sé si seguirán haciendo lo mismo los jovenzuelos de hoy en día, pero nosotros decorábamos esas carpetas clasificadoras con pestañas para cada asignatura con un interés digno de un estudio psicológico. Cada carpeta reflejaba perfectamente los gustos y casi diría la personalidad de cada alumno.
Recuerdo quedar con algún amigo en su casa los primeros días de colegio (como fui a un privado siempre digo “colegio” no instituto) para un ritual tradicional: forrar la carpeta. Los pequeños la forraban con pegatinas de la serie V,¡lagarto, lagarto! Nosotros, los mayores, no. Al principio la temática era fundamentalmente deportiva, así hubo la época del baloncesto, en la que mientras mis amigos decoraban la carpeta con fotos de jugadores de la NBA yo llevaba a los del Clesa Ferrol y el Real Madrid; También, claro, la época del fútbol, como yo al Buitre le tenía idolatrado mi carpeta estaba dedicada a él; y por supuesto los coches y las motos (y eso que Alonso yo creo que aún gateaba)

Posteriormente con el desparrame hormonal, lo que se llevaba eran las modelos y actrices de moda (ahora serán más que cincuentonas, pero entonces Kim Basinguer y Michelle Pfeiffer eran las más solicitadas). No nos escapamos de las marcas de ropa (Levi´s; ropa surfeira etc…) y, por supuesto, de los grupos musicales. Este último motivo era como una seña distintiva que separaba las pandillas (medio heavis, heavis enteros, pijos, “normales”, rockers…). Por cierto que teníamos la costumbre de dejar la carpeta colocada entre el respaldo de la silla y nuestra espalda, a modo de cojín, nunca se me había ocurrido pensar eso..

Las carpetas de las niñas solían parecer un collage de la revista Superpop (¿existirá aún?) con los guaperas del momento, desde cantantes greñudos como Bon Jovi y los Europe; pasando por melosos tipo Glen Medeiros (merdeiros, decíamos nosotros), Rick Astley o Jason Donovan, de muchos de los cuales nunca más se supo; hasta otros estilo Spandau Ballet o cosas por el estilo. A alguna de esas niñas, formales y elegantes madres en la actualidad, se les podría chantajear con fotos de sus hombreras exageradas y sus carpetas forradas con fotos de…¡Michael Night! Jaja, madre mía….

En el interior había de todo, apuntes, fotos, cartas…y sobre todo muchísimas anotaciones: direcciones, teléfonos, poesías, letras de canciones, chuletas, dibujos,…En fin, lo dicho, una pena haberlas perdido, verlas ahora sería como ver “aquellos maravillosos años” la serie de Kevin Arnold.


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Vaya poema. No soy crítico ni un entendido, pero lo interpreto como un canto a la fe, a la libertad y a la resistencia ante las adversidades. Como todo el mundo a estas alturas sabe se trata de un poema que a Nelson Mandela le sirvió como sustento espiritual durante los 27 largos años de cautiverio en la prisión sudafricana de Robben Island. ¡ 27 años ¡ uno detrás de otro, tiene tela. De este poema toma su título la última película de Clint Eastwood, INVICTUS, en la que Morgan Freeman se convierte casi literalmente en Mandela.
Hay quien dice que el talludito Clint decepciona en esta ocasión, que le falta profundidad, que se ha ablandado demasiado, que las escenas de rugby son algo cutres, que podía haber sacado más partido a la historia o al personaje….En mi humilde opinión se trata de un peliculón.Entretiene, engancha desde el primer momento, está llena de buenas intenciones, deja buen sabor de boca, hasta emociona y enternece a veces. Me gusta mucho que no se cebe en la tensión racial, que sólo se deje entrever en las relaciones entre los miembros del equipo de seguridad de Mandela, unos blancos y otros negros, que empiezan desconfiando unos de otros y acaban jugando juntos al rugby.
La película se basa en el libro “El Factor humano” (John Carlin) y se centra en la relación del primer presidente democrático de la República sudafricana con el equipo nacional de rugby, los Springboks, que en ese momento simboliza los ideales de la minoría blanca del país. Mandela toma este equipo como representante de una nación dividida y casi aparentemente imposible de reconciliar. Era listo Mister Nelson, sabía que un gran triunfo deportivo es capaz de lanzar a la calle a millones de personas y que olviden sus diferencias. Si es que está clarísimo, el deporte hace milagros.

Bueno, pues como la película me encantó, investigué el famoso poema que Mandela le envía, de puño y letra, al capitán de los Springboks. Ya he mencionado que se titula como la película y fue escrito por el poeta inglés William Ernest Henley. Al leer algo sobre el autor fue cuando me sorprendí de lo relacionadas que pueden llegar a estar las cosas.
Creo que ya he escrito en alguna entrada que me gusta mucho la Isla del Tesoro y también Peter Pan. Pues bien, ambas obras tienen algo de relación con el autor de INVICTUS.
La infancia de Henley fue complicada por casusa de su frágil salud. Tanto es así que, a la temprana edad de 12 años, debió soportar la amputación de su pierna izquierda por culpa de una tuberculosis. Los problemas de salud afectaron a Henley toda su vida, hasta el punto de que su vida cotidiana se veía constantemente interrumpida por largos periodos de internación en el hospital, lo que le impidió ganarse la vida como periodista.
Sin embargo sus amigos le recuerdan como un hombretón inteligente, bienhumorado, enérgico, de risa contagiosa. Parece ser que era un placer tratarle. Tuvo muchos amigos escritores (H.G. Wells, George Bernard Shaw y Rudyard Kipling entre otros) se casó y tuvo una hija. Uno de sus amigos literarios, Robert Louis Stevenson, se inspiró en Henley para su personaje Long John Silver, el famosísimo marino con pata de palo de su célebre “La isla del tesoro”. Por otra parte, su hija llamaba a uno de los amigos de su padre “FWENDY”, en vez de “FRENDLY” y aquí es donde viene otra anécdota: Ese amigo era ni más ni menos que Sir J.M. Barrie y esa niña y su error fonético le inspiró el personaje de Wendy, de Peter Pan.

El resultado es que me encuentro con dos de mis libros favoritos conectados por el autor de un poema que inspira el título de una película que me ha gustado. Curioso ¿no?, a mí me lo parece. Así que solo nos queda dar gracias a Dios por nuestra invicta alma y ser los amos de nuestro destino, osea “tirar padelante”.


