DESAFÍOS...

"...sólo los que se atreven a llegar lejos, son capaces de llegar a saber lo lejos que pueden llegar..."
T.S. Elliot
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jueves, 10 de mayo de 2012

Como agua de mayo.

Hace un par de meses escribía por aquí que marzo mayeaba, y que lo íbamos a pagar en abril y mayo. También decía que tenía que llover puesto que los ríos (y en particular nuestro río Eume) estaban secos, tanto que daba pena verlos. Pues bien, se ve que es cierto el dicho que reza que hay que tener cuidado con lo que se desea, no vaya a ser que se cumpla...Se cumplió, se cumplió, empezó a llover y no paró. Semanas y semanas sin parar.

El pasado viernes, con eso de que el pinar estaba tan inundado que era imposible correr en él sin escafandra, y aprovechando que en ese momento (casi las ocho de la tarde) sólo lloviznaba un poco, se me ocurrió hacer la "tirada larga" de la semana por mis queridas Fragas del Eume. 16 o 17 km por la carretera que bordea el río, bajo un túnel de ramas de carballos, castaños, pinos y algún que otro eucalipto infiltrado, una gozada. Durante la ida (del "centro de interpretación" hacia el monasterio de Caaveiro, unos 8 km escasos) una vez pillado el ritmo adecuado iba, como siempre, pensando en lo divino y lo humano, haciendo planes, fantaseando y maravillándome de la fuerza del agua del río y los pequeños arroyos que en él desembocan, en comparación con lo cutre que era el caudal solo unas semanas antes. 


Al llegar a Caaveiro (la subida la hice andando, que uno será maratoniano pero sigue siendo un paquete)  y dar la vuelta, empezó el diluvio universal. Creo que nunca, en mis 40 tacos de calendario de vida, me había caído encima semejante aguacero, fuerte y continuado, ya que no paró hasta que llegué al coche, 40 minutos después. Parecía que, como dirían los galos de la irreductible aldea, "el cielo caía sobre nuestras cabezas" . El guardia forestal y los pocos usuarios del restaurante del río alucinaron al ver llegar a un tío delgaducho, vestido de corto, empapado y a toda velocidad en una tarde/noche tan desapacible. Aquí quería ver yo a Noé y sus homólogos de otras tradiciones, el tal Deucalión y Gilgamesh. Musgo les iba a salir en los huesos con semejante humedad. 


Pues bien, como yo siempre digo, nunca choveu que non escampara, así que ayer, por fin redescubrimos algo básico: ¡El cielo es azul! es más, ¡ha salido el sol! ¡albricias, alegría, alborozo! ¡resuenen con alegría los cánticos de mi pueblo!, después de mes y medio de diluvio continuado, he senttido el calor del sol en la cara y, lo que es más importante, después de un montón de tiempo ¡por fin he podido nadar otra vez en el mar!

Estoy contentísimo.Parecerá una chorrada pero es una gran verdad que la vida tiene otro color cuando sale el sol. Llevaba unos días que estaba todo el tiempo aplatanado y medio dormido, pero ha sido ponerme al sol media hora, pegarme un baño en agua salada y me siento pletórico. Ayer me escapé del trabajo a las 19.15, y al llegar a casa no tardé ni un minuto en ponerme el traje de neopreno y correr a la playa a nadar nuestra querida "ruta natatoria". De hecho estaba tan ansioso que nadé más distancia de la pretendida, saliendo del mar a las 21.30 casi, encantado y dejando que me secara el body serrano una brisa cálida del sur que ríete tú de los anuncios de colonia.  Aún no se me ha borrado la sonrisa y eso que hoy, con las coñas y el cansancio, me costó Dios y ayuda levantarme. 


En otro orden de cosas,después del maratón algo ha cambiado en mi afición atlética. Salgo a correr con mucho más placer que antes, pero también con mucha más tranquilidad. Aunque tengo tres carreras a la vista en 4 semanas (5000 metros contra el cancer en el paseo marítimo de Coruña; Media maratón La Coruña 21 la siguiente semana  y la mítica Milla Urbana de la Armada en la escuela Escaño de Ferrol 7 días después) no siento ninguna presión, me las tomo como simples"entrenos". Creo que el siguiente desafío debe ser algo distinto, más variado, un par de carreras de montaña en julio y agosto y un triatlón sprint (con la intención de acabarlo) en septiembre. A ver qué pasa, que siempre que hago planes algo ocurre que se tuercen y sin embargo cuando improviso, todo sale bien....Por lo pronto, sigo sin hacer "series" ya que cada vez que bajo de 4 minutos 10 segundos el kilómetro, me paso unos días sufriendo por la maldita periostitis tibial, y no me compensa en absoluto.


Así que, sin planes establecidos, lo que toca este fin de semana es nadar, aprovechar el sol y el calor y correr por sitios variados: río (Eume), mar (Cabañas) y montaña (As Pontes de García Rodríguez, con el compañero Chedo). En la variedad está el gusto, dicen, y soy uno de esos privilegiados que tiene variedad cerquita de casa. Si es que es lo que digo yo, las cosas pequeñas y cercanas son las que más alegrías dan y hacen que la vida sea bella, que sí, hombre que sí, que lo es a pesar de todo.

jueves, 29 de marzo de 2012

Una de cal y otra de arena

Alguna vez tenía que pasar. En los dos años que llevo corriendo he visto muchas veces a gente más experimentada que yo abandonar en a mitad de una carrera, "pinchar", como se dice vulgarmente. Unas veces por agotamiento, otras veces por falta de entrenamiento, por golpe de calor, bajón de tensión... le puede pasar a cualquiera. Yo hasta el momento acabe todas las carreras en las que participé (si bien es verdad que en ocasiones llego a la meta a duras penas).

El domingo pasado acudí a mi segunda cita con la Vig - Bay, media maratón Gran Bahía, Vigo-Bayona. Esa carrera que es "algo especial". Iba desentrenado, aspirando a poco más que acabarla en un tiempo medianamente decente (sin pasar mucho de 1.40) y hasta el km 16 no parecía que hubiera problema. Pues bien, lo hubo. El roce de los pantalones provocó el reventón de un quiste en el muslo que llevaba unos meses dándome la murga. Empecé a sangrar y hasta tuve que parar y abandonar la carrera un rato para que me hicieran una cura. Entre la pérdida de tiempo, el enfriar y ver como pasan de largo decenas de personas...hubo un momento en que pensé abandonar la carrera. Finalmente decidí continuar y por lo menos cruzar la meta. Lo hice, lo hice, otra experiencia más. 

Cómo no, la carrera tuvo momentos magníficos: Encontrarme a la gente más insospechada, incluso a amigos de la infancia,  los saludos de esa gente que solo ves en las carreras pero que te preguntan cómo te va, los comentarios graciosos, los niños pequeños que te dan agua y esponjas para refrescarte, las islas Cíes vigilándonos a la derecha, las bebidas, roscón, yogures, helados y camiseta que nos dieron a los participantes....una maravilla. Pero aún así, me quedó un regusto amargo por hacer mal una carrera tan señalada y eso, unido al agobio de no encontrar la ropa, no reunir a los compañeros y pensar que no iba a poder correr en unos días por la minúscula herida, hizo que perdiese durante unos momentos la sonrisa y tuviese mala cara. Al llegar a casa, ya con la sonrisa puesta, estaba más fastidiado (y arrepentido) por el hecho de haberme "enfurruñado" que por la herida y la mala carrera, yo soy así. 


Al día siguiente ya no había ni rastro del disgusto, salvo porque no pude correr. No sé por qué pero tenía la sensación de que algo bueno iba a pasar. Será que, como digo siempre, "nunca choveu que non escampara"  hay "mucho camino por andar", "Dios aprieta pero no ahoga" o que " no hay mal que cien años dure", pero el caso es que tenía la impresión de que algo pasaría que me compensase mis modestos males. Y así fue, mientras segaba la hierba la melodía de "Los Fraguel" me llamaba desde mi teléfono para darme  EL NOTICIÓN: se acaba el paro, empiezo a trabajar otra vez, un buen trabajo, durillo pero muy apetecible. 

La sensación fue algo parecido a la que ya describí varias veces, esos nervios y agobio previos a una carrera, que desaparecen de golpe al sonar el disparo en la salida. En cuanto me hicieron la oferta, mi cara se convirtió en una sonrisa, telefoneé a los más íntimos y salí a dar una vuelta en bicicleta para disfrutar de una magnífica puesta de sol en Cabañas, mi paraíso cercano. Una gozada. 


No puedo evitarlo, ¿Digo la frase? la digo, la digo. La vida sigue siendo bella. Una de cal y otra de arena, ahora empieza una nueva etapa, a preparar la media maratón de Coruña (27 de mayo, campeonato gallego)  y a ponerse las pilas y dar el callo en el nuevo trabajo. Empiezo otra vez y, ¡qué gusto me da poder decirlo!, queda mucho camino por andar.