Alguna vez tenía que pasar. En los dos años que llevo corriendo he visto muchas veces a gente más experimentada que yo abandonar en a mitad de una carrera, "pinchar", como se dice vulgarmente. Unas veces por agotamiento, otras veces por falta de entrenamiento, por golpe de calor, bajón de tensión... le puede pasar a cualquiera. Yo hasta el momento acabe todas las carreras en las que participé (si bien es verdad que en ocasiones llego a la meta a duras penas).
El domingo pasado acudí a mi segunda cita con la Vig - Bay, media maratón Gran Bahía, Vigo-Bayona. Esa carrera que es "algo especial". Iba desentrenado, aspirando a poco más que acabarla en un tiempo medianamente decente (sin pasar mucho de 1.40) y hasta el km 16 no parecía que hubiera problema. Pues bien, lo hubo. El roce de los pantalones provocó el reventón de un quiste en el muslo que llevaba unos meses dándome la murga. Empecé a sangrar y hasta tuve que parar y abandonar la carrera un rato para que me hicieran una cura. Entre la pérdida de tiempo, el enfriar y ver como pasan de largo decenas de personas...hubo un momento en que pensé abandonar la carrera. Finalmente decidí continuar y por lo menos cruzar la meta. Lo hice, lo hice, otra experiencia más.


La sensación fue algo parecido a la que ya describí varias veces, esos nervios y agobio previos a una carrera, que desaparecen de golpe al sonar el disparo en la salida. En cuanto me hicieron la oferta, mi cara se convirtió en una sonrisa, telefoneé a los más íntimos y salí a dar una vuelta en bicicleta para disfrutar de una magnífica puesta de sol en Cabañas, mi paraíso cercano. Una gozada.