
Como últimamente salgo tarde del trabajo (y que dure, el trabajo, claro, lo de salir tarde ya es otro cantar), oscurece pronto, mi entrenador putativo me ha dejado solo ante el peligro y aquellos con quienes solía entrenar últimamente tienen cada uno su horario, estoy corriendo de un modo raro. Vamos, que no entreno pensando en una carrera en particular, ni hago series ni nada, así que no mejoro en mis carreras, y sin embargo de una vez estoy acostumbrándome a correr solo y ¡por fin! acabo todos los días más rápido que al principio, la famosa regla del "de menos a mas" que se supone que es básica y yo nunca seguí. Traducción de todo esto: que empiezo a correr a "trote cochinero" y al cabo de un rato me olvido de dolores y cansancios, incremento el ritmo, cambio sin darme cuenta la técnica de carrera y acabo el último tercio del entreno en cuestión a, como decimos en Ferrol "todo felispín" osea, a toda velocidad.
Resultado, que, si bien en ocasiones corro menos km que antes, la sensación al acabar es mucho más positiva, y como me quedo tan contento y la sonrisa se me ensancha, aplico lo mismo a las carreras, intento salir lento, o, sino puedo, reservar fuerzas a mitad de carrera, para poder hacer los últimos km rápido y tener esa sensación tan estupenda al cruzar la meta adelantando a muchos. Ahora solo me queda tener más fondo para que esa reserva de energías al principio sea un poco menos exagerada, en breve mejoraré tiempos, estoy segurísimo, pero lo mejor es que cada vez disfruto más corriendo, incluso corro a veces sin cronómetro y me quedo encantado.
Reflejo de todo lo anterior es lo que pasó en la Pedestre de este domingo. Después de una noche toledana despertándome cada hora para mirar el reloj por culpa del cambio de hora (no sabía si el móvil cambiaba la hora solo o había que cambiarla, ¡no pegué ojo!), a las 8 de la mañana salimos de Cabañas el nuevo compañero de carreras Santi, de los de "de Ferrol de toda la vida" con el que, a pesar de conocernos de vista, no cruzaba palabra hasta que empezamos a coincidir en carreras (este deporte amplía mucho mi círculo social, para que luego digan). 3 grados marcaba el termómetro, y yo allí, en el Obradoiro, haciendo cola para coger mi dorsal con camiseta de tirantes y los pelos de punta. Después del consabido trote de 15 minutos para calentar (y de paso no morirnos de frío) saludando y dando palmadas a diestro y siniestro, como acostumbro, sonó el disparo y casi cuatro mil corredores salimos disparados (valga la redundancia) dispuestos a sufrir pisoteando la capital gallega durante 12 km dirigiéndonos a LA META.
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(Por ahí ando yo) |
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(La META del Camino) |
Y como siempre, sacaré la moraleja para otros aspectos de la vida. Igual que compensa tomarse las carreras con calma al principio para ir acelerando poco a poco y acabar con la impresión de ser Ussain Bolt, compensará afrontar las vicisitudes con serenidad, ir avanzando con calma, cada vez más centrados hasta acabar superándolas con autoridad. Poco a poco pero progresando, cogiendo carrerilla hasta que no haya vuelta atrás ni nadie que nos detenga.

¡Ultreya!
