Contra viento y marea, otra vez nenikekamen…
Hace un par de meses escribí que
el número 42 me perseguía, y que tenía pensado a los 42 años repetir los 42 Km. Lo que ocurre es que, como también he escrito,
estoy corriendo poquito por diversas circunstancias, así que no contaba con cumplir
el destino y librarme de la persecución del 42. Encima, mi gran amigo Pedro,
con sus zapatillas del (¿cómo no?) 42,
se había propuesto una marca impresionante en el maratón atlántico de este año
(Coruña42) y durante dos meses o más ha sido un auténtico coñazo comiéndonos la
oreja con kilómetros, series, tiradas largas, ritmos…, jajaja (es broma Killo).
El caso es que como estaba
inscrito desde el primer día en esta prueba, a pesar de no haber entrenado, acudí a la cita para
acompañar a los amigos y disfrutar del
ambientazo. Las semanas previas, como todos los abriles últimamente, giraban en
torno a las famosas 26
millas. Que si el aniversario de los atentados de
Boston, que si discusiones sobre la muerte del pobre Filípides, que si ya es
faena que coincidan el mismo día el “Madrid Rock and Roll Maratón” y otros con
“La maratón atlántica Coruña42”, que si “tengo una contractura que no puedo con
ella”… el mes del maratón, en resumen.
Y como en un “deja vu” del 2012, allá fui,
con la idea de hacer (lo confieso) dos vueltas enteras al circuito, que consta
de 3 vueltas de 14 Km “y un poquito más”, hasta el centro de la plaza de María Pita, aunque decía que solo iba a hacer la mitad, por aquello de
quedar bien si me retiraba antes de la segunda vuelta.

Me ahorro detalles, solo contar
que la primera vuelta la hice como quien trota por el pinar, encantado con el
recorrido, con los voluntarios y miembros de la organización, con el público
madrugador y con lo bien que me sentía. El recorrido en Coruña tiene la
particularidad de ir cruzándote con los demás corredores cada dos por tres, y
así pude animar a los conocidos, entre ellos el mítico Coke , de los Padel Rock, con su camiseta de
Etiopía.
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Parte del Club Atletismo Sada |

EL último Km. y medio fue
acompañando al recién alcanzado Jorge, saludando, chocando palmas, besando gente, y con una
sonrisa que no me cabía en la cara y que a estas alturas aún no me ha
abandonado. Ahí se iba el jevorro de Fon, que bajó de 3.30 el tío, con su guapa mujer que había corrido el diez mil paralelo. La cara que puso cuando me vio a punto de terminar el Maratón fue un poema.
Pero lo mejor fue justo después, el "casi hermano" Pedro y su familia, con su entrenador Antonio y la sonriente Hanna estaban esperándome a cada lado del pasillo en el Km. 42 jaleándome como si fuese un famoso. Me emocionó más saber que sus zapas del 42 lograron su objetivo que el hecho de llegar a meta, donde por supuesto, ya que uno sigue siendo un moñas, hubo un par de lagrimitas antes de encontrarme a todo el mundo e irme a tomar la preceptiva y merecida cervecita de recuperación.
Pero lo mejor fue justo después, el "casi hermano" Pedro y su familia, con su entrenador Antonio y la sonriente Hanna estaban esperándome a cada lado del pasillo en el Km. 42 jaleándome como si fuese un famoso. Me emocionó más saber que sus zapas del 42 lograron su objetivo que el hecho de llegar a meta, donde por supuesto, ya que uno sigue siendo un moñas, hubo un par de lagrimitas antes de encontrarme a todo el mundo e irme a tomar la preceptiva y merecida cervecita de recuperación.
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La imagen de este Maratón Atlántico. Pedro llegando a meta. |
Y llegamos al final. Cuando parece que las cosas se
oscurecen, que la emoción desaparece, cuando el aburrimiento hace acto de
presencia, cuando no se tiene ganas de nada, los problemas pesan más que nunca
y las preocupaciones rutinarias parecen más grandes, la vida te pone en
bandeja oportunidades para, si las
aprovechas, darte cuenta de que sigue
siendo bella, que en cualquier momento se puede levantar cabeza, ensanchar la
sonrisa y recordar que sí, que queda mucho camino por andar.