El mes de abril es una gozada, la primavera está en su esplendor, los días son más largos, los jardines florecen, tenemos mejor color, la gente pasea más, hasta la lluvia, que no para, es más bonita... Yo, particularmente, hace tiempo que asocio este mes con el maratón. En dos semanas de abril todos los años se celebran, entre otros, el maratón de Boston, el de Madrid y el Maratón Atlántico, La Coruña 42.
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María Pita vigilando la meta. |
El 19 de abril se celebró la 4ª edición de La Coruña42. Cuarta edición y tercer recorrido distinto, por aquello de estar la ciudad medio levantada por obras curiosamente coincidentes con el periodo preelectoral. Los corredores nos estamos volviendo un poco tiquismiquis de más. Las semanas previas a la carrera todo eran críticas por los lemas ( "Corre con calma" "este es el dorsal de un valiente" "correr es de valientes"... y demás frasecitas facilonas) por el cambio de recorrido y por otras cuestiones varias. Yo creo que las críticas se han convertido en un medio para desahogar los nervios.
Este año, sin que sirva de precedente, había "medio entrenado" el maratón. Bajé unos kilitos y aunque no seguí ningún plan (¡hasta ahí podíamos llegar!) los fines de semana hacía tiradas bastante largas, ya fuese por montaña o por asfalto. El hecho de llevar kilómetros en las piernas, no tener pretensiones de bajar marca y llevar ya varios maratones hacía que en teoría fuese sin nervios. Pero en esta edición, mi tercera participación en Coruña, debutaban un par de amigos (Tony y Jorge) con los que suelo correr, o mejor dicho, detrás de los que suelo correr, y sus nervios se me contagiaron algo. Aparte de que claro, correr la mítica distancia algo acojona siempre, para qué engañarnos.
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El lema del dorsal tenía tela.. |
¿Y cómo salieron? pues, habiendo esperado tres días antes de escribir nada para bajar de la nube de felicidad , puedo decir que ha sido la carrera que más he disfrutado. Se dice que nadie olvida el primer maratón, y es verdad, pero tampoco el segundo, ni el tercero... y este último ha sido el mejor.
El maratón atlántico tiene la peculiardad de un recorrido lleno de vueltas, curvas y giros, cruzándote continuamente con los compañeros maratonianos. También es peculiar por no estar masificada, solemos participar entre 900 y 1200 corredores, de los cuales conozco a la cuarta parte por lo menos, lo que le da un toque familiar muy de agradecer. La pega es que es un maratón "solitario" en el suele haber poco público y animación salvo en puntos concretos y, cómo no, en el km final y llegada a meta, pero en esos puntos los aplausos son tan intensos (especial mención a los miembros del Club de Atletismo Sada) que te da la impresión de estar en uno de los 5 grandes o en la Behobia, una maravilla.
El día amaneció nublado pero con una temperatura agradable y sin el temible viento que nos podía hacer chocar con el muro antes de tiempo en el paseo marítimo. Menos mal que a pesar de los partes meteorológicos no llovió, porque aquí cuando empieza no para. Como siempre la media hora previa a la salida fue un continuo ir y venir saludando y dando abrazos a la gente, la Coruña empezaba a despertar con nuestras voces y la música de los grupos colocados estratégicamente durante el recorrido para animarnos, y nosotros empezábamos a sacudirnos las legañas del madrugón.
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(41 km en patas y sonrisa, gracias Club Sada por los aplausos) |
Mi
amigo maratoniano Khene compara el maratón con un
parto: Te pasas meses preparándote con ilusión para el famoso día D (o M
de maratón), las contracciones empezarían según él al pasar la media y
el parto sin epiduiral sería a partir del km 32. Jaja, grande Khene, con
sus nervios previos a Madrid.
La
verdad es que la comparación no está mal, de hecho la podemos enlazar
con la de la plusmarquista maratoniana Mrs. Radcliffe, que creo que
decía algo así como que un maratón es como la vida misma, donde va a haber sobresaltos y periodos duros y dependiendo de cómo se enfrenten, se superarán.
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Las merecidas medallas, ganadas con alma. |
Estoy totalmente de acuerdo. Durante los 42.195 metros (ni uno menos) que se recorren en un maratón se atraviesa toda la gama
de las emociones: Ilusión, nervios, ansiedad,
miedo, rabia, coraje, orgullo, saber que el muro y el hombre del mazo
estarán ahí, aunque con suerte puede que no los veas, euforia, emoción,
placer, dolor, alegría...Todas las positivas las viví el domingo, acabando en lo que según Khene sería el alumbramiento, al cruzar el arco de la Plaza de María Pita y sentir lo que se siente al acabar todo maratón: una absurda explosión de felicidad que parece que te abre el pecho al cruzar la meta, hagas la marca que hagas.
Las pruebas
de maratón son el mayor acontecimiento pacífico de una comunidad en toda
la historia de la humanidad. Documental “Spirit of marathon”.
Muy bueno Miguel, me ha gustado mucho la descripción. ..y bien escrito además.
ResponderEliminarUn abrazo
Javi