
Yo nunca he visto la sombra de una lágrima, pero el domingo pasado me acordé de este fragmento (bueno, me acordé de que había un fragmento más o menos así) del libro mencionado arriba.
Ubiquémonos. Creo que ya he escrito que entre el cambio de hora, el frío, la lluvia, el mucho trabajo y la vagancia, llevo unas semanas flojillas de entrenamiento. A pesar de ello, siempre logro nadar dos o tres días entre semana y correr otros tantos, de modo que los domingos suelo "cumplir" con las tiradas largas o alguna incursión en la montaña. Por esto y porque soy como soy y no sé decir que no a nada, cuando el martes me "wassapeó" (palabro nuevo) un amigo para liarme a acompañarle a la Media Maratón de Vilagarcía no tardó ni un segundo en convencerme, es más, solo enterarme que era en beneficio de "Cáritas" me inscribí al instante.

Se trataba de tres vueltas a a un circuito de 7 km por un entorno bastante feo, portuario, en obras y con poco público, pero por lo menos era llano. El caso es que la primera vuelta la hice bien, pero en el km 11 más o menos algo pasó, me sentí vacío, "sin pilas". No me dolía nada pero no podía correr, me sentí "desfondado" de pronto y sin ninguna motivación. Tanto bajé el ritmo que al acabe la segunda vuelta al mismo tiempo que el ganador de la prueba acababa su tercera y ganaba la carrera. Me paré. Fue la primera vez que decidí retirarme, no me apetecía seguir. Pero como siempre hay gente buena por ahí suelta, cuando ya estaba agachándome para pasar por debajo de las cintas de separación sentí una palmada en la espalda y escuché, "vamos cabañés, síguenos que solo queda una vuelta" era un corredor que estaba haciendo de "liebre" (creo) a dos miembros del Club de Atletismo de Sada. Así que me pegué a ellos y les seguí hasta el km 18. Ahí me quedé rezagad pero, como ya quedaba poco, me enganché a otros tres y llegamos juntos, charlando y encantados. Otra prueba superada, con mi peor marca en media (1.46) y la satisfacción de vencer la tentación de retirarme (si bien con ayuda extra, pero bueno).
Me pasé esa tarde entera chafado en el sofá, viendo películas y bebiendo aquarius, con décimas de fiebre. Se trató de una pájara con todas las letras, nunca me había pasado y si se repite acudiré al médico, que esto se hace por salud.

Se acercan además las navidades, época en la que el hombre nostálgico que soy se vuelve casi melancólico, así que a ver si por lo menos cambia el tiempo y el cielo azul me anima y hace que no me olvide que, a pesar de todo, la vida sigue siendo bella y queda mucho camino por andar.